OPINIÓN

Bienvenidos al baile de máscaras

Se quitó el antifaz lentamente y lo colocó encima del tocador. Se miró en el espejo. Tenía las mejillas enrojecidas, los ojos le escocían y le habían quedado unas pequeñas marcas en la frente y la parte superior de la nariz.

Se levantó de la silla y fue al baño. Se limpió la cara con agua y jabón y después se aplicó suavemente la crema facial. Se volvió a mirar. Su reflejo era el de una chica triste, movida por una sociedad de imagen, por lo que se veía obligada a llevar esa máscara todos y cada uno de los días. Odiaba verse cómo era realmente. Se tapó la cara con las manos y salió de ahí.

Regresó a su habitación, se tumbó en la cama y dejó que sus pensamientos la sumieran en un sueño profundo. Incluso el mundo de los sueños suponía esa tortura constante en la que las opiniones ajenas iban por delante de todo lo demás.

Se despertó sobresaltada. Estaba sudando. Miró el despertador. Las 6:53h de la mañana. En unos minutos sonaría esa música infernal que tanto odiaba. Pero ese día no lo consentiría, así que lo apagó, se puso en pie y fue al baño.

Su rutina diaria de preparación comenzaba en ese momento. Tocaba ponerse todas esas capas, la única función de las cuáles era la de esconder la verdadera persona detrás del antifaz.

Salió a la calle. Había llegado ese momento en el que llevar una máscara se había convertido en algo natural. Así fue cómo todos y cada uno de nosotros y nosotras se volvió el títere de quién quiera que fuese el responsable de haber perpetuado una sociedad en la que no importan las personas sino los físicos de éstas.

* * * * *

Detrás de todos esos disfraces que nos ponemos día tras día hay personas geniales, divertidas, fantásticas, especiales y, sobretodo, únicas. Todas ellas se han visto reprimidas y, debido a su poca autoestima (mermada por la sociedad), tienen miedo a sentirse rechazadas al ser ellas mismas.

Cada día recibimos unos 3.000 impactos visuales en los que se nos muestra cómo debemos ser físicamente. Pero es que además, también nos muestran unas pautas de comportamiento. Nacemos, y tenemos toda una vida planificada y regida por unos valores que, aunque no compartamos, debemos resignarnos a aceptar. ¿Será que estamos aprendiendo a ‘no pensar’?

No voy a decir nada nuevo, pero es que los casos de trastornos alimentarios como anorexia o bulimia, los de bullying, los de homofobia e incluso racismo, están incrementando a niveles astronómicos. Se trata de un viaje que ha empezado y que va a costar erradicar.

En todo el mundo hay gente realmente maravillosa. ¿De verdad vamos a dejar escapar la oportunidad de conocer gente que es real? Quitémonos las máscaras y salgamos a la calle. Hagámonos valer tal como somos, pero no por los demás, sino porque nos lo debemos únicamente a nosotros mismos por ser personas.

Nadie es perfecto. Tampoco podemos pretender serlo. Simplemente somos nosotros mismos. Y eso va mucho más allá de lo que conocemos como ‘perfección’. Pero lo cierto es que somos perfectamente imperfect@s.

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