OPINIÓN

Tejiendo una red para delfines

Hoy quiero hablar de delfines. Y de vida. Y de delfines con vida. Y de la vida de los delfines.

Y también quiero hablar de sociedad. Y de redes. Y de redes sociales. Y de sociedades enredadas.

Sí, quiero hablar de todo ello porque creo que la semana pasada cruzamos esa delgada línea que separa a los seres humanos de ser realmente “humanos”.

* * * * *

La deshumanidad llega en cuanto nos dejamos cegar por las redes sociales. Por alguna razón, nos convertimos en un pez atrapado en una malla. Curiosa comparación, ¿verdad? Nos desorientamos, no sabemos cómo actuar. Y de repente, algo en nosotros nos hace convertirnos en algo que en realidad no somos.

Medimos nuestra popularidad a través de los “me gusta” de las publicaciones de Facebook o Instagram. Nos sentimos respaldados por todos nuestros supuestos “amigos” o “seguidores”. Y todo ello no es más que una estúpida farsa.

Mírate. Estás sola/o ante el ordenador. Recibes ese mensaje de “uy, pero qué guapa estás” de ese alguien a quien prácticamente no conoces. Y sigues estando sola/o. Vuelve a mirarte. Fíjate en todo aquello que publicas. ¿Eres realmente tú? ¿O se trata de un alter ego que pretende ser y mostrar todo aquello que de verdad no eres?

¿No fue precisamente eso lo que contó la australiana Essena O’Neill unos meses atrás? ¿O más bien lo que denuncian miles de modelos cuando cuentan todas esas peripecias a las que se someten para que, al fin, puedan sacar esa “foto ideal”? Instagrammers, bloggers y también chicas/os que se creen instagrammers y/o bloggers. Nos enseñan tan sólo una pequeña parte de su realidad.

Todo es cuestión de perspectivas. Y de saber elegir el momento idóneo. O quizás, de verlo todo con otros ojos. O mejor dicho, de abrirlos. ¿No?

Vuelvo a mis delfines. Seguro que la semana pasada viste alguna imagen o vídeo de cómo unos bañistas sacaban a una cría de delfín del agua. ¿El motivo? Obtener una genial fotografía para las redes sociales. O mejor dicho, obtener una genial fotografía mostrando, de nuevo, la des-humanidad de la raza “humana”. Entonces, ¿qué pasó? Que se mató al delfín, por supuesto. A él y a otro ejemplar que tuvo la mala pata (o mejor dicho, aleta), de nadar por esa costa repleta de monstruos.

¿Que “el hombre es bueno por naturaleza”, señor Jean-Jacques Rousseau? No estoy segura de si ha sido la sociedad quién ha corrompido al hombre o el hombre mismo a la sociedad.

Una vez, tuve la oportunidad de nadar junto a delfines. Era un sueño hecho realidad. La primera pregunta que le hice a su cuidador fue “¿Son felices?”. Creo que a él nunca antes se lo había planteado ninguno de sus otros turistas, pues el hombre tardó unos segundos en contestar.

Es cierto que ese día, disfruté de mi momento con unos seres vivos magníficos y listísimos, a los que, sin embargo, nos empeñamos en torturar. ¿Sabías que los delfines, igual que los humanos, son una de las pocas especies de animales que pueden sufrir depresión y ansiedad, lo que les lleva incluso a suicidarse? Sí, tal cómo lo lees.

Nos consternamos ante la imagen de un bárbaro estadounidense matando al león más famoso del mundo. Y no lo hacemos cuando día tras día vemos cómo miles de especies animales son torturadas alrededor del mundo. Todo ello para sacar una p*** fotografía en la que nosotras/os mismos quedemos bien y poder subir y, a su vez, “presumir” de ella en nuestras redes sociales.

El mundo se ha construido a base de apariencias. En su momento, Nicolás Maquiavelo dijo que “pocos ven lo que somos, pero todos ven lo que aparentamos”. Y es que aparentamos, aparentamos y nos olvidamos de “ser”.

Mírate. Has terminado de leer este artículo y sigues estando sola/o. Igual que lo estuvieron esas dos crías de delfín en la playa de Santa Teresita (Argentina). O igual que lo estuvo Pony, una hembra orangután que fue esclavizada sexualmente en un poblado de Indonesia. O igual que Cecil, el león de Zimbabue que fue asesinado el verano pasado. O tal como lo estuvo Mufasa en manos de Scar al principio de la película de Disney “El Rey León”.

Sí, estamos solos en un mundo habitado por miles de millones de seres vivos. Solos en un mundo cada vez más y más social, gracias (o por desgracia) a las redes sociales. Pese a todo ello, las diferentes especies nos debemos respeto las unas a las otras. ¿O no? Yo sólo le pido eso al mundo… Respeto.

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