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Cobi, y el sentimiento de unidad

No sé si es el calor o soy yo que me dejo llevar por nada, pero, parece que últimamente en el panorama político las cosas pintan más de color negro, y el mal rollo empieza a ser notable. Los cambios en el govern y un documental en TV3 sobre cloacas, parece que han alterado aún más al personal.

Barcelona, estos días se prepara para celebrar el 25 aniversario de los juegos olímpicos. Esos juegos olímpicos de Maragall, Cobi, Los Manolos… esos juegos olímpicos que unieron, emocionaron y que consiguieron que la ciudadanía se volcase al máximo para hacer de Barcelona 92, lo que ha sido, la mejor celebración de unos juegos olímpicos en toda la historia.

Hoy, precisamente, estamos huérfanos de un proyecto colectivo, porque, no nos engañemos, lo que está pasando en Catalunya, no es un proyecto colectivo, que englobe, que aglutine, que emocione… es un proyecto que divide y enfronta unos contra otros, que empezó para tapar las carencias y vergüenzas de un gobierno que recortó sin necesidad y luego no supo afrontar la realidad que le venía.

Barcelona 92: algo más que unos juegos

No tuve la  suerte de poder vivir los juegos olímpicos del 92, pues, nací en 1994, pero, si una cosa me queda clara, es que Barcelona 92 fue algo más que unos juegos olímpicos. Barcelona 92, fue, la apertura de Barcelona al mar, la colocación en el mapa de una ciudad abierta, cosmopolita, moderna, transformadora, acogedora… en fin, una ciudad dispuesta a demostrar que puede ser capital mundial.

Y lo demostró. Los juegos fueron un éxito de todos, un éxito de los políticos que defendieron el proyecto allí donde fuese, y de la ciudadanía, aquellos que una vez se celebró la proclamación,  decidieron ser voluntarios y así poder implicarse en un proyecto que se haría en su casa. Los juegos de Barcelona 92, demostraron al mundo las capacidades que tenía la ciudad, y que además tenía una ciudadanía dispuesta a vender su ciudad de la mejor manera posible, saliendo a la calle.

Barcelona 92, fue por tanto, una muestra de trabajo en equipo y unidad. Maragall, Samaranch, Pujol, González… son sólo algunos apellidos de los protagonistas que se encargaron de que el proyecto de Barcelona 92, se pudiese llevar a cabo. Y precisamente, si hay una lectura que se puede hacer, es que, se unieron personas de diferentes ideologías y pensamientos, para trabajar en algo común, algo que verdaderamente pudiese hacer avanzar la sociedad y también un país.

Barcelona 92: valentía, unidad y cambio

El proyecto de Barcelona 92, demostró por un lado valentía por parte de las administraciones, al apostar por algo como unos juegos olímpicos, para abrirse al mundo y situarse en el mapa de las grandes urbes.

Demostró unidad, todos iban de la mano bajo un mismo prisma, conseguirlos y poder hacer de Barcelona una ciudad mejor de lo que ya era de manera que gracias a esa unidad, venía el cambio. El cambio en la ciudadanía, que podría ver en primera persona, la transformación de su ciudad y su país, gracias a unos juegos olímpicos.

Valentía, unidad y cambio. Tres palabras con las que podríamos definir los juegos olímpicos de Barcelona 92. Desde la elección de Cobi hasta el fin de fiesta con Los Manolos, Peret y Los Amaya… pasando por el Hola, la Fura dels Baus, o Rebollo y su flecha que encendieron el pebetero… todo esto, fueron fruto del esfuerzo y el trabajo colectivo de todos aquellos que, aun teniendo sus ideales, supieron dejarlos de lado por algo colectivo y por algo que beneficiaba a todos por igual. Eso, por desgracia, pasó hace 25 años, cuando las cosas funcionaban de otra manera.

25 años después, el panorama es distinto

Si hace 25 años, ocurría todo eso, el presente, por desgracia es muy diferente. Hemos visto desaparecer unas siglas por culpa de la corrupción, hemos visto sesiones en el Parlament más que vergonzosas y sobretodo, estamos viendo cómo quieren romper con España mediante la vía unilateral.

Si hace 25 años, alguien  dijese que en 2017 pasaría esto, seguramente, no hubiese hecho caso, básicamente, porque entre manos había otra cosa. Hoy, por desgracia, ya no queda nada de eso, bueno, nos quedan los recuerdos y las instalaciones que se hicieron, y que aún se usa, pero del espíritu de Barcelona 92, ya no queda nada.

Hoy, algunos, pretenden hacer creer a la gente, que tienen un proyecto colectivo, cuando, realmente, lo que se ha hecho es jugar con los sentimientos de la gente. Catalunya, siempre ha tenido independentistas, esos que siempre la han querido, y por los que hay que sacarse el sombrero, ya que siempre han batallado por eso, pero, siento decirles, que ahora lo único que les ha salido, es una banda de trepas, que por no reconocer que no han sabido gobernar, han cogido su lucha, con la bandera pertinente, y la han abanderado para tapar las vergüenzas de un mal gobierno.

Independentismo para quedarse en el poder

CDC, decidió coger la estelada, cuando su líder, Artur Mas (actualmente presidente del Pdecat) vio que su gobierno lo tenía crudo para poder realizar políticas de algún tipo. Había recortado todo lo que pudo y más, y el gobierno de España, le pedía más recortes, ante eso, sacó la solución que tenía más fácil, pero, que por desgracia jugaba con sentimientos, la independencia de Catalunya. Se aferró a esa bandera, buscó un socio, y bajo el mantra de “Espanya ens roba” y alguna memez más, han decidido, unilateralmente, encaminarse en esto.

Ahora, nos toca ver como Catalunya hace el ridículo ante el resto de comunidades autónomas, nos toca ver como los letrados del Parlament se echan las manos a la cabeza cada vez que el govern toma una decisión… en fin, nos toca ser testigos de un momento de la historia que se podría haber obviado y evitado, si, el espíritu del 92 aún siguiese vivo, es decir, si la demanda de algún proyecto colectivo, pudiese evitar algún paso en falso.

Agencia del Medicamento & Sant Jordi Patrimonio de la humanidad por la Unesco

Barcelona y Catalunya, podrían volver al “espíritu del 92” ya que últimamente han aflorado proyectos que requieren de unidad, como hace 25 años. Por un lado, hay una demanda en clave cultural, que Sant Jordi, sea patrimonio inmaterial de la humanidad por la Unesco, iniciativa preciosa, que necesita unidad por parte del gobierno de Catalunya con el de Espanya. La cámara del libro junto al sector del libro, y el Gremi de Floristes, están por esto, lo quieren, pero ante sus morros siento decir que tienen un problema, y ese problema se llama 1 de octubre.

Por otro lado, está la candidatura de Barcelona, sede de la Agencia Europea del Medicamento (EMA), encabezada por Jaume Collboni, regidor del ayuntamiento de Barcelona. Esta candidatura, también necesita de la unidad de las administraciones, en este caso de la municipal, de la Generalitat y del gobierno de España, además, comparte un problema que he dicho anteriormente, el 1 de octubre.

2 proyectos, que requieren de unidad y de sentido colectivo, pueden perderse en nada. Podemos quedarnos sin una diada de Sant Jordi, patrimonio de la humanidad, y sin tener la sede de la Agencia Europea del Medicamento, y todo esto, por la vía unilateral y de ruptura del señor Puigdemont y su gobierno. La deriva que quieren llevar hasta el 01 de octubre, puede provocar que Barcelona y Catalunya, se queden sin 2 proyectos que podrían engrandecer aún más su historia, por una deriva política, que confronta y que no aporta nada.

Cobi, y el sentimiento de unidad

Hace 25 años, nada hacía penar que podríamos vivir algo así, por eso, con estas líneas, pretendo mostrar que nos hace falta un “Cobi del siglo XXI” un proyecto en el que volvamos a unirnos todos y donde dejemos las confrontaciones de lado. Proyectos hay, he comentado 2 anteriormente, ahora solo falta que haya voluntad.

El proyecto olímpico, unió a todos por igual. Obvió cualquier conflicto, y sirvió para hacer un avance que dejara atrás cualquier otra cosa. Solo hace falta ver los vídeos que recogen la transformación de Barcelona des del año 86 hasta el 92. Si se pudo lograr todo aquello, si se pudo unir tanta gente, si se pudo tirar adelante un proyecto colectivo, hoy, sabiendo lo que sabemos, debería ser más fácil.

Cobi, nos unió a todos, incluso a los que no les gustaba como mascota. Barcelona 92, sirvió como punto de unión, y se demostró. Ahora solo falta que volvamos a tener algo que vuelva a unirnos a todos por muy difícil que parezca. Es momento, de empezar a replantearse si la deriva que últimamente llevan algunos, es la más acertada, o si por el contario, sólo puede llevarnos a un callejón sin salida, del que puede costarnos mucho recuperarnos. Nunca es tarde para poner el freno y observar si el camino que se está cogiendo es el más adecuado, o si por el contrario, es mejor rectificar y buscar una lucha más fructífera, que no divida y que nos haga sentir a todos del mismo “bando” si es que en algún momento, han debido de existir.

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Sobre el autor

Comunicador desde muy joven.
Me encargo de la edición de Young Politics, de Young España. Informar, acercar la opinión al resto, desde un medio independiente y plural, un reto alucinante para los tiempos que estamos viviendo. ¿Lo seguimos junt@s?

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