OPINIÓN

Manifiesto a favor del Raval

En los últimos meses no han dejado de llegar a mis oídos cantidad de noticias sobre la peligrosidad que supone caminar por las calles del conocido barrio barcelonés del Raval.

Personalmente, cada vez que alguno de mis amigos extranjeros viene de visita a Barcelona, no puedo evitar llevarlos al que sin duda es mi barrio favorito de toda la ciudad. En el que personas de todas las edades, culturas y orígenes conviven y hacen vida todos los días.

Tiendas y carnicerías halal, que se convierten en espacios híper concurridos a todas horas durante el mes más esperado del año para la comunidad musulmana: el Ramadán; Bloques de pisos con todas sus ventanas abiertas y ropa tendida en los balcones; Familias enteras que se asoman cada vez que algo sucede en la calle, o para hablar con sus vecinos; Skaters que te pasan por el lado a toda velocidad; Paredes pintadas y grafiteadas con mensajes cargados de crítica social; Olores desconocidos para muchos; Restaurantes con todo tipo de gastronomía: Mexicana, venezolana, marroquí, vietnamita, etíope…

¿Quién se hace responsable del miedo?

Sin embargo, son constantes y contundentes los mensajes que aparecen en televisión sobre el terror y amenaza que supone, no sólo vivir, sino el simple hecho de pasear por el Raval de Barcelona.

Evidentemente, no es casualidad que, en muchas ocasiones, estos discursos vayan directamente ligados con la presencia de inmigración y de personas de clase baja. Metiendo a todos en el mismo saco y dando por hecho que la problemática va directamente ligada con este tipo de colectivos.

No es que tenga una gran cantidad de argumentos para rebatir esas afirmaciones que aseguran que el Raval es un barrio peligroso, en el que suceden peleas, existen narcopisos y cada día hay agresiones. Sí, es cierto que yo he presenciado gran cantidad de peleas y he podido comprobar con mis propios ojos la hostilidad e inseguridad que en muchas ocasiones se respira en este barrio.

Pero, sin embargo, me niego a aceptar esta idea de que todo este tipo de problemáticas van ligadas a ciertos colectivos y que nosotros no somos directamente responsables de lo que sucede.

Ricos con ricos, inmigrantes con pobres

Recuerdo que un día un profesor de mi máster nos dijo en clase que en muchas ocasiones el argumento de “son ellos los que se aíslan y no se quieren relacionar con nadie”, en referencia a la inmigración, era, no sólo mentira, sino algo que en infinitud de ocasiones sucede más bien al revés.

Este nos explicó que, en muchos países, la gentrificación se produce a causa de una clasificación que el propio gobierno realiza en función del apellido de las familias. Es decir, que si tu apellido es árabe te van a re-alojar con el resto de árabes, mientras que si eres Rom, te envían directamente al barrio “gitano”.

Este es el caso de muchas ciudades francesas pero, sin necesidad de ir más lejos, en Barcelona se repite un patrón de modelo urbanístico que venimos arrastrando desde las olimpiadas del 1992, cuando se realizó una organización de la ciudad que ha acarreado una progresiva elitización de barrios como Gràcia o el Poble Nou, creando un panorama excluyente incluso para los propios barceloneses.

La distribución de barrios y zonas por “clase”, con una clara división entre ellos, es algo que caracteriza esta gran ciudad, cosmopolita e intercultural, pero que también está presente en muchas otras ciudades europeas. Esto contribuye a la generación del fenómeno que yo denomino como la “automarginación de los ricos”.

En este proceso, hijos de familias ricas nacen, crecen, se reproducen y mueren dentro del mismo barrio, con las mismas personas, los mismos vecinos, los mismos compañeros y compañeras de colegio y acudiendo a los mismos lugares de ocio durante todas sus vidas.

Esto no solamente genera una gran pérdida para estas personas, que no son capaces de reconocer la existencia de otros lugares, otros colectivos y otras formas de vida, sino que crea una enorme barrera con el resto de ciudadanos que no se ajustan a su modus vivendi y que casi siempre termina con la generación de prejuicios y estereotipos que alimentan las futuras políticas racistas.

Acercarse al otro

Pero no hace falta ser de clase alta para no acercarse a pasear por el Raval, o el barrio de la Mina (donde yo estuve una vez por simple accidente). Pues simplemente escuchando los discursos acerca de este tipo de barrios a muchos no se nos ocurre ni siquiera poner un pie en ellos.

El motivo por el que se generan focos de delincuencia y problemáticas no viene directamente causado por el estilo de vida de aquellos que viven en barrios más “desfavorecidos”, sino que todos somos coresponsables de lo que sucede en una ciudad tan grande, y con una historia tan sumamente elitista, como es Barcelona.

Efectivamente, los discursos que ciertos medios de comunicación expanden – en muchas ocasiones señalando al otro y sin pararse a mirar “lo suyo”- contribuyen a esta generación de desigualdades, discriminaciones y miedos entre los ciudadanos.

Esta serie de argumentos reafirman la necesidad de repensar, no solo nuestras políticas de “integración” y prevención de la delincuencia, sino sobretodo nuestra manía de relativizar las cosas, sin ir a la raíz del problema ni creernos responsables de lo que sucede, así como la importancia de salir de nuestra zona, y acercarnos a otros barrios para, de esta manera, acercarnos también a las personas.

Clara E. Mengual

Sobre el autor

Clara E. Mengual

Periodista especializada en estudios migratorios y cooperación para el desarrollo. Me gustan los libros, volar libre, el yoga y hacer la revolución.

Escribo sobre feminismo, migración y viajes.

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