Editorial

Faltos de sentido de estado

Vivimos unos días donde los partidos y sus dirigentes son los protagonistas, algo que no es bueno y debe hacernos reflexionar: ¿Dónde queda el sentido de estado? ¿Quién o quienes pueden encarnarlo? Todos los partidos se detestan, se vetan, se ponen líneas rojas. Nadie se atreve a dar un paso al frente sin la calculadora ni los partidos.

La política de nuestro país se ha instalado en la crispación y en el partidismo, dejándonos ver su peor cara, o, mejor dicho, la peor, la más miserable. 

Pactos y gobiernos

Los estrategas y sus colaboradores ya están en marcha, y los periodistas se frotan las manos por el overbooking informativo que estamos viviendo.

La investidura a Pedro Sánchez, la composición de autonomías y ayuntamientos, nos está dejando ver de qué pie cojea cada una de las fuerzas políticas que hay en nuestro país. Las líneas rojas y los vetos, forman parte ya de nuestro día a día, y por el momento parece que la ciudadanía queda en un segundo plano.

Teniendo en cuenta todo lo anteriormente expuesto, se hace patente una cosa: no habita en la clase política que nos rodea el sentido de estado, la responsabilidad porque haya un gobierno que ponga en marcha esta nación.

Sánchez presidente vs adelanto electoral

La cuestión es muy simple y muy clara: O hacen Pedro Sánchez presidente del gobierno, o, por desgracia, este país se verá inmiscuido en un adelanto electoral, repitiendo así lo que ocurrió en 2016.

Habrá que ver qué decisión toman las fuerzas políticas en estos días de diálogo y negociación. Lo que está claro son los bloques, la derecha no quiere poner fácil un gobierno de Sánchez, los nacionalistas exigen también lo suyo, Podemos quiere entrar en el gobierno para que su líder sobreviva… y en medio está la ciudadanía esperando a que en algún momento se hable de lo suyo.

Los acuerdos, el diálogo y la negociación son muy necesario en estos tiempos, otra cosa es el sentido de estado. El tener claro que en algún momento habrá que tomar todas aquellas medidas que no gustan, pero que son necesarias. Ni los más constitucionalistas son capaces de facilitar la investidura a Pedro Sánchez, eso sí, se pegan de bofetadas para ver quién es el primero que puede criticar de forma visceral todo lo que se haga o se pueda hacer desde la Moncloa y los ministerios. Estamos faltos de sentido de estado.

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